En la ensenada de Brest, entre Léon y Cornualles y a medio camino entre río y mar, Landerneau cuenta con un destacado patrimonio arquitectónico cuyo máximo exponente es el famoso puente de Rohan, único puente habitado que queda en Europa al que rodean hermosas viviendas de los siglos XVI al XIX que irán marcando tu trayecto.
A orillas del río, los comerciantes afortunados construyeron sus señoriales viviendas que dan fe de la rica actividad portuaria del pueblo, ligada a la exportación de lino y cuero. Las construcciones de los siglos XVII y XVIII se adornan de tragaluces labrados, torretas, entramados de madera y de escudos de armas en forma de luna, que pasó a ser el símbolo del pueblo.
Landerneau conserva de su época de esplendor un claro gusto por los mercados, el comercio y los intercambios. En el casco antiguo, las numerosas tiendas agradables y originales te invitan a comprar. En este lugar fundó su primera tienda de comestibles en 1949 un tal Monsieur Leclerc.