Para llegar a esta playa, primero tienes que atravesar el "Nautastígur" (El Camino del Toro), un sendero que serpentea entre formaciones de lava negra retorcida que parecen demonios petrificados. Al abrirse la vista al mar, lo primero que te golpea no es la belleza, sino la violencia. La playa de guijarros negros está sembrada de trozos de metal oxidado y rojizo. Son los restos del pesquero inglés "Epine", naufragado aquí en 1948. Nadie los ha recogido en 70 años como respeto a los 14 marineros que perdieron la vida. Caminar entre ellos en silencio, con el rugido del Atlántico de fondo, pone los pelos de punta.
Pero los vikingos locales no venían aquí a llorar, venían a probarse. En la arena verás cuatro piedras redondas y lisas, las famosas "Aflraunasteinar". Son el gimnasio ancestral de Islandia. Si querías trabajar en un barco pesquero, tenías que levantar la piedra de 54kg ("Hálfdrættingur") hasta la altura de la cadera. Si no podías, eras un "Amlóði" (un inútil) y te quedabas en tierra. Inténtalo, pero cuidado con la espalda, la historia pesa.
MISIÓN: INFILTRACIÓN LOCAL
Misión: Infiltración Local
Busca las "Perlas de Djúpalón", los guijarros negros perfectamente esféricos de la orilla. Siéntate y cierra los ojos. Cuando la ola se retira, miles de estas piedras ruedan unas contra otras creando un sonido profundo, como un trueno bajo el agua. Es la banda sonora de Snæfellsnes.